"Hay que ir de lo macro a lo micro, y ellos van de lo micro a lo macro", José Carlos Cobos (Físico termodinámico)
A nadie se le escapa que el sistema educativo español (SEE) necesita una actualización urgente para "producir" ciudadanos mejor preparados, entendiendo por esto un aumento de su efectividad en el desarrollo de las competencias más acuciantes señaladas por los expertos educativos en personas escolarizadas. Entonces, ¿creamos otra ley? De acuerdo; veámos cuántas leyes educativas hemos tenido en los últimos cuarenta años... ¡seis! A continuación nos preguntamos: ¿cuál es el motivo de tantos cambios? Evidentemente, político. Cada gobierno nuevo que ha tenido España desde 1978 ha modificado el SEE a voluntad, apoyándose en mayorías absolutas en el Congreso de los Diputados, con el objetivo de ajustar la educación a unos criterios marcados tanto por organismos internacionales supuestamente apolíticos (yo a esto lo llamo ingeniudad) como por cosecha ideológica propia. Mediante estos cambios macro (ley) se pretende modificar las condiciones micro (situaciones particulares) con el fin de que los exámenes internacionales (PISA, PIAAC, etc.) dejen de sonrojarnos cada vez que publican sus conclusiones. Y bien, si no hemos conseguido enorgullecernos de las distintas reformas del SEE porque los indicadores numéricos reconocidos por la comunidad educativa siguen mostrando datos alarmantes (abandono o fracaso escolar, por ejemplo), ¿por qué deberíamos pensar que la solución pasa por otra reforma?
Ayer en clase dimos un repaso a algunos de los sistemas educativos más exitosos (de nuevo, según indicadores numéricos de los estudiosos educativos) y la conclusión principal que extraje fue que son capaces de transmitir las competencias deseadas de manera excelsa sin renunciar a inculcarlas dentro del contexto histórico-filosófico del país: Japón valora el poder del coletivo si dejar de lado el respeto y la meditación, en Holanda se formenta la autonomía (individualismo) del alumno, en un país de inmigrantes como Canadá se valora el talento externo y el intercambio de personal, etc. Este indicativo debería resultar aliviante para nosotros, pues implica que un estilo particular de vida no es condición ni necesaria ni suficiente para tener un sistema educativo excelente. Que el SEE no haya alcanzado los niveles de otros lugares no parece depender tanto de que no seamos tan respetuosos como los japoneses o tan individualistas como los ingleses, sino que el problema debe venir de otros lares. ¿Cuáles?
La física estadística funciona no porque sea física sino porque es estadística. Esta frase en apariencia tan boba y trivial no lo es ni mucho menos. La estadística es, a mi juicio, una de las mejores mentiras que ha desarrollado (se sigue haciendo hoy en día) el ser humano para entender no sólo los fenómenos naturales sino también la realidad huidiza entre nuestros sesgos de una población. En otras palabras, la estadística es una mentira que revela la verdad. ¡Fascinante! El camino que nos marca la estadística no es infalible (porque interviene el sesgo humano) pero sí robusto, de manera que acepto la persecución de la mejora de los indicadores preocupantes como medio para llegar a un SEE más excelente que genere ciudadanos con un grado de competencias mucho más profundas. La cuestión vuelve a ser: ¿cómo mejoramos lo que tenemos? Con esto, como expondré a continuación, creo que ha habido un problema de enfoque.
Todas las experiencias exitosas que se mencionaron en clase comenzaron a ser implantadas en momentos que el país se vio en dificultades coyunturales, cuando la sociedad primero y los políticos después quisieron utilizar la educación como una vía para relanzar al país. España hoy, 2020 en pandemia, está inmersa en una crisis que amenaza con socavar el ansiado progreso en las condiciones de vida que trajo el final del siglo XX debido a múltiples factores: paro juvenil, dificultades para pagar las pensiones, alza en las tensiones raciales, estigmatización de sectores de población, etc. Frente a eso, hay un gobierno dispuesto a promulgar una nueva ley educativa, LOMLOE, con el mismo alma de, como mínimo, las dos anteriores y sin ningún otro apoyo político adicional (que tal y como está el Congreso hoy, tendrán que ganarse mediante la subasta de algunos aspectos de la propia ley, de partidas económicas o de otros chanchullos y sin contar con el principal partido de la oposición con el que suman una mayoría representativa de los españoles). Podríamos decir que la situación es propicia para los cambios, pero hay otro elemento necesario que no percibo.
Por lo tanto, proponer algún pequeño aspecto inspirador de otro sistema educativo me parece tratar de tapar una gotera de un barco que se hunde. En su lugar, defiendo en esta entrada un cambio del enfoque macro y micro. Aún debe producirse un cambio de mentalidad en una sociedad tremendamente desigual como la nuestra a todos los niveles (cambio macro), de ricos a pobres, de profesores a alumnos, de padres a hijos, que nos haga valorar la educación como bien fundamental e inexcusable de país que exija una reforma del SEE que nos ponga al día (cambio micro). No tengo ninguna experiencia en estos ámbitos y sí entiendo que la sociedad y el sistema educativo se retroalimentan. Sin embargo, considerando en una lectura apresurada los cambios introducidos por los países que hoy consideramos modelos, creo que el impulso primario lo debe dar la masa. Indudablemente se ha recorrido un camino del que sentirnos orgullosos en los últimos cuarenta años por el cuál hemos mejorado sustancialmente el número de personas que llegan a pasar casi 20 años formándose hasta lograr títulos superiores. Esto, teóricamente, debería ayudar a que más y más ciudadanos adquiriesen una cultura valorativa del sistema educativo que transmitirán a sus hijos para que sigan caminos similares a los suyos (me refiero a que les hagan entender que formarse intelectualmente es un camino digno de recorrer). Sin embargo, hemos perdido paulatinamente desde 2008 a muchos de esos jóvenes en esta trayecto que les ha llevado al extranjero por encontrar mejores condiciones profesionales para desarrollarse de las que les ofrecía su nación originaria. Algunos de ellos, con su experiencia acumulada en otros entornos, podrían ser decisivos para una modificación correcta del SEE debido a su experiencia acumulada en otros contextos; sin embargo, la partida de muchos de ellos les hizo llevarse la impresión de que España no era un lugar donde cupiesen sus ambiciones ni un lugar propicio para desarrollar su talento; algunos quizás marcharon con resentimiento. Esto lo cura el tiempo, por supuesto, pero temo que cuando algunos quieran volver será demasiado tarde. Volverán a tomar el sol.
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